0 VOLVER

La princesa de las semillas

Tres princesas iban juntas paseando por el bosque cuando se encontraron con un desconocido que les hizo una extraña promesa. El hombre les aseguró que, si metían un objeto en un cofre y, después, lo enterraban durante siete años, ese objeto aumentaría varias veces su tamaño.

Las inocentes muchachas se fiaron de él y fueron corriendo a sus palacios, cada una en busca de su propio baúl:

Matilde, la princesa del palacio rosa, escogió un arcón de oro y lo llenó de diamantes con la esperanza de que en el futuro se volvieran grandes como melocotones.

Lorena, la princesa del palacio azul, levantó la tapa de una caja de plata e introdujo su muñeca preferida para ver si con el tiempo se hacía tan grande como ella.

Alicia, la princesa del palacio verde, eligió un sencillo joyero de madera y metió en él un saquito de semillas de manzana, simplemente porque lo que más amaba en el mundo era la naturaleza.

Tras este primer paso, las tres volvieron a reunirse y ocultaron sus cofres bajo tierra, bien juntitos, en un lugar recóndito del bosque.

Las princesas dejaron pasar el tiempo y, el día que se cumplió el plazo, fueron a ver si la promesa se había cumplido:

Matilde gritó al comprobar que su arcón estaba completamente vacío. ¡El hombre era un timador que había robado todos sus diamantes!

Lorena se puso a llorar amargamente porque su muñeca seguía siendo pequeña y, encima, se había estropeado a causa de las lluvias y la humedad. De las tres, Alicia fue la única que se alegró muchísimo: sus semillas se habían convertido en un gigantesco y hermoso frutal, capaz de producir manzanas suficientes para alimentar a los ciudadanos más pobres de la comarca.