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El dragón Miguel

 Érase una vez un dragón delgado y amarillo que desde pequeño soñaba con poder expulsar fuego por la boca como todos los miembros adultos de su especie. Miguel, que así se llamaba, esperó durante años a que llegara su gran momento y, el mismo día en que se convirtió en mayor de edad, decidió intentarlo.

Muy ilusionado se concentró, aspiró profundamente, sopló con todas sus fuerzas y ¡oh, desilusión!… De su profunda garganta solo salió un horrible humo de color ceniza. Lo siguiente que hizo fue ponerse a llorar, tan grande era su desconsuelo.

– ¡Buaaaa! ¡Buaaaa!

Su padre, un dragón grande, fuerte y de color verde, se acercó a él y le dijo:

– Se ve que todavía no estás preparado, querido hijo, pero si practicas con ganas lo lograrás antes de lo que imaginas. Lucha por tu sueño que las cosas no siempre se consiguen a la primera.

Entre tirar la toalla o hacer caso a su padre se decantó por la segunda opción. Siguiendo su sabio consejo entrenó sin descanso durante diez semanas hasta que por fin consiguió expulsar grandes llamaradas. ¡El esfuerzo había merecido la pena!

Una vez alcanzado el objetivo, continuó perfeccionando la técnica. Deseaba más que nada en el mundo convertirse en un experto lanzador de fuego y ¡vaya si lo consiguió! Llegó a hacerlo tan bien que su fama se extendió por todo el reino y el rey le nombró encargado oficial de encender, día y noche, todas las antorchas del castillo.