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Cadáveres exquisitos
Alrededor de 1925 varios escritores idearon una nueva técnica de escritura colaborativa para componer poemas o textos breves. Todos pertenecían al movimiento surrealista surgido unos meses antes en Francia, así que su objetivo común era que sus creaciones estuvieran ligadas a los pensamientos inconscientes y al mundo de los sueños.
Esa forma de escritura era parecida a un juego, pues se reunían en torno a una mesa para escribir un texto por turnos. El sistema era sencillo: el primero recibía una hoja de papel en blanco en el que debía escribir un pensamiento. Una vez que terminaba, la doblaba de manera que no se viera nada o, en todo caso, solo la parte final de la frase; después, la hoja pasaba a otro participante para que continuara escribiendo la historia anotando lo primero que se le ocurriese. Como lo importante era la creatividad, los escritores casi no tenían tiempo para pensar el texto. Cuando acababa la ronda se daba la historia por terminada y se leía en voz alta. ¡El resultado era sorprendente!
A cada obra resultante se la llamó Cadavre exquis, que traducido del francés al castellano significa “Cadáver exquisito”. El nombre procede de una frase que surgió al jugar por primera vez: “El cadáver exquisito beberá el vino nuevo”. Posteriormente, otros artistas (por ejemplo, los pintores) intentaron crear obras siguiendo estas mismas normas.