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El conejo Serafín

Serafín era un conejito que aborrecía las zanahorias pero adoraba la fruta, especialmente las sandías. ¡De tanto comerlas se había convertido en el único conejo rosa del mundo! Como era un animal muy listo enterraba las pepitas en un campo de cultivo cerca de su madriguera para que, con el tiempo, brotaran plantas y de ellas salieran nuevas frutas.

Las sandías tienen un montón de pepitas, así que Serafín hacía muchos agujeros en la tierra. Al principio esto no tenía importancia, pero llegó un momento en que el dueño de la finca se enfadó y decidió expulsarlo de allí.

– No puedes quedarte más tiempo aquí, Serafín. ¡Con tanto hoyo estás destrozando mi cosecha de coliflores!

Serafín se puso muy triste al escuchar estas palabras y comenzó a llorar.

– ¡Oh, es terrible!… ¡No podré sobrevivir lejos de casa, y mucho menos sin comer sandías!

Un joven mago que pasaba por allí escuchó la conversación y decidió acercarse a la extraña pareja. Mirando al campesino, le dijo:

– Veo que tienen problemas de convivencia, pero no se preocupen que se me acaba de ocurrir una idea que nos va a venir muy bien a todos. Si está de acuerdo, yo le compro el conejo y fin del problema. ¿Le parece bien?

El campesino sonrió encantado.

– Me parece genial… ¡Trato hecho!

Serafín empezó a temblar muerto de miedo. Antes de que pudiera decir nada, el mago lo tranquilizó:

– No te preocupes, pequeñín, que tu vida también va a cambiar a mejor. Trabajarás para mí en los espectáculos saliendo de la chistera y a cambio yo haré aparecer todas las sandías que desees gracias al poder de mi varita mágica.

Serafín se puso contentísimo.

– ¡Bravo, bravo!

Y así fue cómo, gracias a la curiosa propuesta del mago, a partir de ese día los tres fueron felices para siempre.